"Antes de nada, quiero decir que no estoy conforme con muchas cosas, pero me he acostumbrado a la mayoría. Mi manera de ver el mundo es mitad realista, mitad desesperanzada, pero me siento bien con ella. Mi país es la esperanza eterna de Latinoamérica y aunque no puedo decir que no hemos avanzado nada, estoy insatisfecho con nuestro desarrollo, aunque creo que es la única manera en que yo y cualquiera de mis compatriotas podemos (y debemos sentirnos).

Soy un revolucionario, siempre lo he sido y la historia de mi país ha provocado encaminar mis ideales bajo el lema de la revolución. El venezolano actual, añora una revolución, una verdadera, que fué prometida por tantas personas y nunca entregada".