"Antes de nada, quiero decir que no estoy conforme con muchas cosas, pero me he acostumbrado a la mayoría. Mi manera de ver el mundo es mitad realista, mitad desesperanzada, pero me siento bien con ella. Mi país es la esperanza eterna de Latinoamérica y aunque no puedo decir que no hemos avanzado nada, estoy insatisfecho con nuestro desarrollo, aunque creo que es la única manera en que yo y cualquiera de mis compatriotas podemos (y debemos sentirnos).

Soy un revolucionario, siempre lo he sido y la historia de mi país ha provocado encaminar mis ideales bajo el lema de la revolución. El venezolano actual, añora una revolución, una verdadera, que fué prometida por tantas personas y nunca entregada".
"Realmente no comprendo porqué la gente vive tan obsesionada con el pasado.

¿Porqué tantas personas añoran la vuelta de fuertes liderazgos nacionales del pasado como los de Radonski, Valenzuela y especialmente Chávez después de tanto tiempo? Nuestra asignatura pendiente es darnos cuenta que nunca podremos superar el pasado, nunca podremos ser mejores si nos ajustamos a una felicidad máxima que nos llegó en su momento y que aparentemente no podemos superar.

No es casual que tantas personas estén inmersas en ésto del renacer de la revolución, inspirado en por supuesto lo más cercano que hemos llegado a tener, el chavismo original cuando estaba en pleno apogeo y antes que comenzara a desvirtuar su idea original. El cuento que todos sabemos".